
El acuerdo marco firmado en Washington entre el Líbano, Israel y los Estados Unidos era abrir una secuencia de escalación. Se trata de establecer las bases para un retiro progresivo del Líbano meridional, un retorno del ejército libanés a zonas piloto y una reconstrucción patrocinada por el Estado. Pero las posiciones de Bezall Smotrich ya debilitan esta lectura. El Ministro de Finanzas de Israel, miembro de la extrema derecha y actor central en el asentamiento en la Ribera Occidental, sigue defendiendo una visión territorial que trasciende las fronteras internacionalmente reconocidas de Israel.
Las palabras atribuidas a Smotrich han estado circulando desde el viernes, refiriéndose al fortalecimiento de la expansión colonial en la Ribera Occidental, Gaza y el sur del Líbano. La redacción exacta de esta frase no ha sido confirmada en esta etapa por una fuente primaria fiable o por los principales organismos internacionales. Pero encaja en una línea ya documentada. En marzo, Smotrich pidió la ampliación de la frontera israelí al río Litani en el corazón del sur del Líbano. También defendió el mantenimiento de una zona de seguridad israelí hasta que Hezbollah fue desarmado.
Una línea incompatible con el espíritu del acuerdo
El texto firmado en Washington se basa en una lógica de retirada gradual. En él se prevén zonas piloto en las que el ejército libanés debe asumir la responsabilidad de la seguridad después del desarme verificado de grupos armados no estatales. El objetivo es permitir el redespliegue israelí, el regreso de civiles y la reconstrucción.
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Las declaraciones de Smotrich van en otra dirección. Son parte de una lógica de control territorial sostenible. Cuando un ministro israelí habla del Litani como posible frontera, ya no es sólo seguridad inmediata. El Litani está muy cerca del territorio libanés. Esa línea equivaldría a colocar una gran parte del sur del Líbano bajo el dominio israelí.
Esta contradicción alimenta a los críticos libaneses. La Presidencia y el gobierno defienden el acuerdo como un paso hacia la soberanía. Por el contrario, Hezbolá considera que es un texto que permite a Israel mantener una presencia militar en condiciones de seguridad. Los comentarios de Smotrich refuerzan esta lectura. Dan la impresión de que una parte del gobierno israelí no ve el acuerdo como un camino hacia la retirada, sino como un marco para extender el control israelí.
Un argumento ofrecido a Hezbollah
Para Hezbollah, las posiciones de Smotrich son un argumento político inmediato. La parte rechaza el acuerdo porque condiciona la retirada israelí al desarme de grupos armados no estatales. Afirma que Israel debe retirarse por primera vez por completo del Líbano y cesar sus huelgas. En esta lectura, toda declaración israelí sobre una presencia duradera en el sur del Líbano justifica la continuación de la resistencia.
Por lo tanto, el Gobierno libanés se encuentra en una posición difícil. Para defender el acuerdo, debe demostrar que conducirá a un retiro real. Pero si los ministros israelíes hablan de mantener una zona de seguridad o extender fronteras, la credibilidad del texto se debilita. Los habitantes del Sur, ya marcados por bombardeos, destrucción y desplazamiento, pueden ver la confirmación de que el Estado no ha obtenido suficientes garantías.
Washington enfrenta sus propias contradicciones
Los Estados Unidos presentan el acuerdo como un paso hacia la paz y la estabilidad. Pero la línea de Smotrich muestra los límites de la garantía estadounidense. Washington puede empujar a Beirut a aceptar un mecanismo de zonas piloto y de desarme. Pero ¿puede imponer a Israel una lectura clara de la retirada contra los ministros más duros de la coalición Benjamin Netanyahu?
Esta cuestión se vuelve central en el Líbano. Una garantía estadounidense no bastará si Israel mantiene la posibilidad de extender su presencia en nombre de una amenaza definida por sí mismo. Será aún más cuestionado si funcionarios israelíes hablan de fronteras más amplias o de colonización.
Un acuerdo ya frágil
El acuerdo marco aún no ha presentado sus anexos más importantes: mapas, calendarios, procedimientos de verificación, el papel exacto del ejército libanés y las garantías de retirada. Sin embargo, las posiciones de Smotrich ya complican su implementación.
Refuerzan el campamento de rechazo en el Líbano. Debilitan la línea de la presidencia y el gobierno. Ponen a Washington ante la obligación de aclarar públicamente que el acuerdo no puede en ninguna circunstancia allanar el camino para la anexión o colonización del sur del Líbano.
En esta etapa, la frase exacta sobre la extensión de los asentamientos al sur del Líbano sigue sin confirmarse. Pero el problema político es real: un influyente ministro israelí ya ha defendido la idea del control israelí hacia los Litani. En el contexto del acuerdo de Washington, esta línea es suficiente para alimentar la sospecha libanesa de un retiro condicional que podría convertirse en una presencia duradera.

